¿Por qué comemos huevos de chocolate en pascuas?

Por El Gourmet


Cada año, los cristianos alrededor del mundo festejan las pascuas en una fecha entre el 21 de marzo y el 25 de abril, dependiendo el año. Además de las tradiciones puramente religiosas, hay otras costumbres que se han vuelto cada vez más populares como los huevos y los conejos de pascua de chocolate. ¿Pero de dónde viene esta tradición?

Hay que saber que, así como los cristianos no comen carne durante la Semana Santa, originalmente tampoco se consumían huevos para esas fechas. Esos huevos que se guardaban durante la semana eran decorados y regalados a los niños el domingo de Pascua. Durante la época victoriana, en el Reino Unido, por ejemplo, se los colocaba además en cajas de cartón junto a otros regalos.

¿Cuándo fue que pasaron a hacerse de chocolate?

Aquí las versiones son varias y no necesariamente coincidentes, pero lo que sí se sabe es que los primeros huevos de chocolate comenzaron en el Siglo XIX en Francia y Alemania, aunque estos eran amargos y duros de comer ya que aún no eran huecos. En ese tiempo, la calidad del chocolate no era excepcional. Se usaba mucha cantidad de grasa así que, además, eran pesados y difíciles de digerir.

Hay otras versiones, sin embargo, que afirman que todo sucedió mucho antes y que el primer huevo de pascua de chocolate fue uno que llegó a la corte de Luis XIV, en Versalles. Mientras tanto, para 1725 en Italia, una viuda de apellido Giambone, empezó a producirlos en Turín llenando de chocolate cáscaras de huevo de gallina vacías. La mujer, dueña de una pequeña casa de dulces en Vía Roma, tuvo la idea de derretir el chocolate y armar estos huevos que tuvieron gran éxito entre los vecinos de Turín.

Un éxito entre grandes y chicos

A medida que las técnicas de manipulación del chocolate mejoraron, los huevos de chocolate empezaron a hacerse huecos por dentro y el sabor fue modificándose para hacerlos más apetecibles. Aquí la autoría del éxito vuelve a disputarse. Joseph Fry, dueño de una chocolatería inglesa, se adjudica el haber creado los primeros moldes para huevos de pascua de chocolate en 1873. La pasta que consiguió consistía en manteca de cacao, cacao en polvo y azúcar y era lo suficientemente fácil de manipular como para templar y colocar dentro de los moldes. Los primeros moldes que desarrolló tenían un diseño que imitaba la “piel de cocodrilo” para disimular cualquier grieta o imperfección. Con el tiempo, la técnica fue sofisticándose tanto que Fry sumó además las figuras de diversos animales, también en chocolate.

Cadbury, otra fábrica de chocolate muy tradicional que aún comercializa cientos de productos en la actualidad, afirma haber puesto a la venta en Inglaterra la primera línea de huevos de pascua huecos rellenos de almendras confitadas. Por otro lado, a comienzos del 1900, la Casa Sartorio en Turin, desarrolló su propia técnica para mezclar la pasta de chocolate, fundirla, templarla y colocarla en moldes que cuando se enfriaban permitían decorar el huevo de chocolate en formas novedosas.

Recién para 1925 los huevos de pascua de chocolate pasaron a contener la tradicional sorpresa: podía tratarse de pequeños animales hechos de azúcar, almendras confitadas y finalmente los pequeños objetos a los que estamos acostumbrados hoy en día.

Mientras los huevos de pascua de chocolate ganaron la batalla tanto en Italia como en países de Latinoamérica, en Europa del norte y en los Estados Unidos, el gran triunfador fue el conejito de pascua de chocolate. No importa en el formato que vengan (huevos, conejos o gallinas), los amantes del chocolate siempre estarán agradecidos por esta dulce tradición.

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