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¿Por qué debemos mantener la costumbre de comer en familia?

Por Dra. Paola Harwicz
¿Por qué debemos mantener la costumbre de comer en familia?

Como padres tenemos una labor muy importante: generar buenos hábitos alimentarios en nuestros chicos. La educación empieza por casa, y es tan importante tener claro nuestro rol, como cuando les enseñamos a cruzar la calle o a comportarse en la mesa. Es fundamental que la educación alimentaria se desarrolle en un ámbito donde  los padres den el ejemplo, compartiendo la mesa familiar,  siendo este un momento de encuentro para compartir los acontecimientos del día y a la vez fomentar una comida nutricionalmente completa.

Distintas investigaciones demuestran que compartir la mesa en familia con mayor frecuencia, mejora la calidad nutricional y favorece el desarrollo de buenos hábitos alimentarios, así como una disminución de la frecuencia de consumo de tabaco, alcohol y drogas en adolescentes, ya que favorece la comunicación y mejora el vínculo entre padres e hijos.

Pensemos en una situación frecuente: llega el momento de la cena, en casa se prepara un plato elaborado para los adultos y los chicos comen lo que les gusta a cada uno: la nena come pasta y el varón milanesa con puré. Esto constituye un problema si no logramos UNIFICAR la comida. ¿Qué hacer ante este escenario?

Ante todo entender que tu casa no es un restaurante, donde cada uno  come su plato preferido. Esta situación no favorece una buena educación alimentaria, ya que es un mensaje confuso: los chicos piensan: “a mí no me gustan las verduras, no las como; Mami me prepara lo que me gusta”. El niño ganó el lugar de rey, y siempre comerá lo que quiere y no lo que necesita para tener un buen desarrollo.

Es importante ofrecer los alimentos de a uno y ante la negativa, repetir el intento, al menos unas 12 a 15 veces para lograr la aceptación de nuevos alimentos. Compartir la compra con ellos, dejar que elijan una fruta o verdura nueva y hacerlos partícipes de la preparación de esa comida, puede ser un gran comienzo.

Encuestas nacionales en chicos de 10 y 11 años revelan que el 87% NO consume la cantidad de verduras recomendadas y tan solo el 17% consume las 2 frutas diarias. La importancia de la incorporación de fibras desde edades tempranas y en la adultez, presentes en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y frutos secos, se asocia con un menor riesgo de diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular y cáncer de colon entre otros. 

La obesidad en la infancia y adolescencia impacta negativamente en la salud cardiovascular, y observamos enfermedades en los chicos que anteriormente eran patrimonio de los adultos, secundarios al sobrepeso (diabetes tipo 2, hipertensión arterial, aumento de colesterol, dificultades motoras).Otro tema preocupante: se mueven cada vez menos. Llegan del colegio o tal vez el fin de semana y pasan horas en la tele, compu, chat, play station, etc. La recomendación de la Sociedad Argentina de Pediatría es no superar las 2 horas diarias frente a la pantalla. Sin embargo, El 77% de los chicos entre 10 y 11 años superan este tiempo, y  la consecuencia de este sedentarismo, es el aumento de peso, observando en Argentina y en el mundo, un aumento de la obesidad en los chicos… Fomentar el ejercicio, la práctica de deportes, las salidas en familia a caminar, andar en bicicleta, son esenciales para combatir y frenar el sobrepeso.

Por eso no podemos dejar pasar esta oportunidad de enseñarles desde edades tempranas buenos hábitos alimentarios: incorporar  frutas y verduraslácteos por su aporte de calcio, aumentar la frecuencia de consumo de pescado por su riqueza en grasas saludables (omega 3) protectoras del cerebro y del corazón, incorporar carnes magras y huevos por su aporte de hierro y ser fuente de proteína de excelente calidad, y cereales preferentemente integrales al ser fuente de energía, limitando el uso de  sal y  alimentos procesados, así como  evitar el picoteo entre comidas.

Como padres necesitamos  perseverancia y  convicción para instalar  hábitos alimentarios saludables para lograr que perduren en el tiempo. Recuerden, los chicos copian modelos, en casa y en la escuela. Solo desayunarán, si ven que sus padres desayunan, y solo probarán verduras si en casa se consumen. En ocasiones, nos alegra escuchar el relato de nuestros chicos cuando cuentan que se animaron a probar una verdura o plato nuevo durante el almuerzo copiando a un compañero. El comedor de la escuela es un espacio donde se puede ofrecer verduras y a su vez, los docentes, acompañar con el ejemplo, pensando en todas estas premisas,  incorporando los distintos grupos de alimentos y eligiendo variedad.
 
 
 
 
 
 
 

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