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Sopas calientes para días gélidos

Por Elisabeth Checa

Sopas calientes para días gélidos

Un buen caldo de gallina o de carne como base, o un cubito de una buena marca, mucho más fácil. Vegetales o legumbres cocidas, más hierbas, especias y croutons hacen el resto.

Las posibilidades son infinitas. Cualquier vegetal puede convertirse en sopa crema deliciosa, solo hay que tener un poco de imaginación. Personalmente frecuento la sopa crema de calabacita o la de zapallo, hervida en caldo, le añado lima, jengibre rallado, y leche de coco. En la India probé algo parecido, solo que era un caldo más suculento y mucho mas especiado, la Mulligatawny, sopa incendiaria.

Hace solo unos días estuve en Marruecos para Ramadán. El ayuno que se termina con al crepúsculo, como a las 7,30 de la tarde termina con la Harira, deliciosa sopa especiada, con carne un rico caldo, verduras, especias como comino, omnipresente en la cocina marroquí y cilantro. Muy parecida a la Chorba argelina, que también se sirve en ocasión de Ramadan, en las noches festivas, ésta lleva garbanzos y jengibre y suele ser bastante hot. En todo caso compensan las largas horas de ayuno.

Mucho menos exótica, de una simpleza absoluta, la Pavesa, una sopa instantánea que adoran chicos y grandes con caldo en general de pollo con cabellos de ángel que se vierte sobre un huevo crudo y parmesano rallado. Antigua y rica.

Las sopas de papas, con algo más, como la vichysoisse, con puerros o papas con un manojo de berro, son deliciosas, suculentas y elegantes para empezar una comida nocturna. Jamás olvidar una vuelta de pimienta y una pizca de nuez moscada. A estas hay que añadirles un poco de crema de leche y procesarlas en la licuadora o la mini pimer.

Finalmente, para hacerla aún más fácil: cubitos plus la bandejas que se venden con los vegetales ya cortados. La gracia es incorporarles algo más para levantar sus modestias: croutons de pan frito, panceta dorada, alubias cocidas, deviene rápidamente esos minestrones de las abuelas.

La sopa de cebollas, emblemática y suculenta, es fácil de hacer, cebollas casi confitadas a las que se añade caldo, se sirven sobre una rodaja de pan casero y se gratinan al horno con queso gruyere.

Con una lata de lentejas o lentejas previamente cocidas, caldo, leche de coco y curry y unas cucharadas de yogur natural tenemos otro exotismo al alcance de la mano.
Los vinos no son tan amigos de las sopas, aunque en muchos países de Europa se añade un chorrito de vino tinto a la sopa no importa cuál sea su esencia. La práctica se da especialmente en Francia, en España y en Italia.

Las sopas de pescado, más veraniegas, más mediterráneas, como la bouillabaise, pueden acompañarse con un rosado seco. Las otras con un merlot y su aterciopelada suavidad. Las más contundentes, especialmente las que provienen de caldos de puchero grasos, aman el Tempranillo.

El espumante le puede ir genial a una crema de zanahorias con una pizca de estragón. Para acompañar, champán, por supuesto.

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