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Pastas, una larga historia

Por Elisabeth Checa

Pastas, una larga historia

Es el alimento más fácil de preparar, el menos costoso y el que se presta más a  las diferentes interpretaciones. Este símbolo de la saludable cocina mediterránea tiene una larga historia.

Desde el siglo XII hasta el siglo XIX se llamó maccarroni a cualquier tipo de pasta,  pero los mismos italianos cambiaron el término por pasta en general, que se convirtió en alimento universal. Se consume en todo el mundo.
 Hay diferencias entre pasta seca y pasta fresca. La seca se inventó como alimento para marineros, en las ciudades marítimas que fueron el sostén del comercio medioeval.
Cantidades de vermicelli alimentaron a los tripulantes de las Carabelas, que permitieron al genovés Colón descubrir América. 
Siempre fue el alimento ineludible en las costas del mar Tirreno y en todo el sur  de Italia.



Por el contrario, en el norte de Italia surgieron las pastas frescas, con huevo. Había más tiempo para amasar en la casa.   
La producción de la pasta seca es un proceso complicado, y como se sabe hay dos tipos de de trigo, el grano duro y el grano blando (que es el que se usa en las pastas con huevo). El primero crece en climas soleados y secos, en el sur de Italia, el otro soporta bien la humedad.
Una buena pasta seca (sin huevo) solo se produce con harina de trigo duro.
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