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Hacia la luz

Por Elisabeth Checa

Recientemente se inauguró en estancias Colomé el único museo dedicado a un solo autor. Donald Hess, coleccionista y bodeguero construyó a más de 2000 mts de altura el Museo James Turrell.

Cada vez hay una relación más intensa entre arte y vinos. En Argentina, el Museo Killka de Bodega Salentein, en las alturas del valle de Uco con exposiciones permanentes de lo mejor del arte argentino y latinoamericano y algunas interesantes muestras transitorias, como la de agosto del 2008, cuando el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires sacó a la luz y al sol de Tupungato una colección especial de pinturas sobre el vino, especialmente europeas, casi todas del siglo XIX. <br /><br />Más: las etiquetas de los vinos de Navarro Correas ilustradas por los mejores plásticos de Argentina; los diseños de etiquetas de Carlos Alonso para el primer tinto Saint Felicien en 1969 o, la del genial pintor arquitecto Clorinda Testa para recibir al año 2000 con un Malbec. <em>Soy rojo</em> proclamaba el ambiguo texto de la etiqueta de un vino, obviamente tinto. El escultor conceptualista Víctor Grippo, vinero apasionado creó, para Trapiche Medalla, la medalla que los identifica. <br /><br />Hay cada vez más ejemplos modernos: desde el concurso de humor grafico presidido por Hermenegildo Sabat, el gran humorista grafico y Rep, otro dibujante ilustrado, para Altos Las Hormigas, hasta un lugar que acabo de descubrir en San Juan, la Antigua Bodega, con un amplio salón para exposiciones de arte joven cuyano. Finca La Anita, entre las mejores pequeñas bodegas de Argentina, dedicó una sala expresamente construida para albergar las esculturas de un raro artista mendocino. <br /><br />Pero Donald Hess fue más allá, mucho más allá: <em>\"El vino y el arte son dos pasiones en mi vida”</em>, proclama. Por eso consagró un museo especial que costo millones de dólares a este personaje Turrell, un genio americano universal, prócer vanguardista que experimenta con la luz. Esta vez en las vertiginosas alturas de Colomé. Son nueves instalaciones donde se dilatan las pupilas y el alma. Así me lo cuentan. Como el <em>sky space</em>, un ambiente a cielo abierto para contemplar en dos momentos clave: durante el ocaso y al amanecer. <br /><br />Los 1.680 metros cuadrados del museo demandaron siete años de construcción, con resoluciones de ingeniería magistral, pensada para enfatizar la obra del artista, reconocido en el mundo entero. James Turrell y Donald Hess, ambos amables y de bajo perfil pese a la fama, brindaron una conferencia de prensa en el Park Hyatt Buenos Aires, en ocasión de la inauguración del Mueso hace un pare de meses. No lo vi terminado, insisto, pero puedo imaginar lo inimaginable que apenas percibí en mi última estadia en Colomé, entre salones vacíos y cables. Se que se camina por la luz, esa luz que espías y te espía en diferentes juegos según las horas del día. <br /><br />Claro que este Museo merece el esfuerzo de trepar hasta Colomé. Se descubrirá Turrel, la posada de lujo de sólo 8 habitaciones y la cocina regional refinadas del lugar, pero además, como acabo de hacerlo, se podrá conocer un Syrah único, recio y distinto con 14,5 grados de alcohol, que sólo se puede conseguir en la Bodega- Posada-Museo. Tiene, este Syrah 2008, el estilo de aquellos vinos raros que descubrí en el año 1988 cuando ascendí a Colomé por primer vez con Michel Rolland. La bodega era de Raúl Dávalos, para Rolland estos vinos potentes fueron una revelación, como puede serlo la obra de Turrell para quien la descubra en la luminosidad de los Valles Calchaquíes. Una deslumbrante revelación… <br />

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