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En el Portugal profundo

Por Elisabeth Checa

En el Portugal profundo

El verde grisáceo de los olivares se mezcla con los oscuros alcornoques, de donde se saca el corcho, ese insustituible amigo del vino. Estamos en Alentejo, una zona caliente, rústica, despojada y mágica El Portugal profundo

Viniendo de Sintra, esas sierras húmedas y voluptuosas , y de Lisboa y sus encantos algo melancólicos, esto parece el Sahara. Tierra seca y caliente, inundada por un sol despiadado. Estas condiciones climáticas no parecen afectar a los hombres, no tan jóvenes, quienes con pericia extraen la corteza, el corcho de los viejos árboles, con sumo cuidado para no lastimarlos.


La impresión es rara y el calor intenso. Los hombre trepados con hachas y cuchillos entre árboles que muestran sin pudores su desnudez rojiza.. El color casi naranja indica la parte en que ha sido sacada la corteza. Hasta que ésta se reponga pasaran muchos años., nueve exactamente. Es un saber y una paciencia ancestral, una producción en la que Portugal es líder mundial.

El propietario de estas tierras me muestra unos alcornoques pequeños, frágiles, bien resguardados con una tela metálica.. Acaba de plantarlos. No verá el fruto de estos árboles. Quizá sus hijos tampoco, en todo caso sus nietos, usufructuarán de los resultados. Me cuenta que en Alentejo, zona de olivos, viña y alcornoques dicen: “si quieres un negocio inmediato planta viña, si lo quieres para tus hijos, olivares, para tus nietos, alcornoques.”.

El alcornoque y su corcho están teñidos de la materia del tiempo. Hay que esperar muchos años para que un árbol alcance la madurez. No es emprendimiento para ansiosos. Diez, quince años quizá para que comiencen dar sus frutos, esas bellotas, manjar del cerdo ibérico. Pero aun se imponen de 25 a 35 años para que el árbol desarrolle el corcho, aun así este primer vástago, no es el más apto para tapones. A los 9 años puede cosecharse de nuevo, pero es recién en la tercera cosecha que puede obtenerse el mejor corcho, ese que merecen no solo los grandes vinos, sino todos los buenos vinos.

Junto a los árboles se juntan capas de cortezas. Quedaran allí unos 6 meses antes de ser trasladados a la fábrica, donde se los procesa, cada vez con más contemplaciones técnicas. De lo que se trata es de evitar que el corcho sea el chivo emisario de los defectos del vino.

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