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El jardín de los cerezos.

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Aparecen en diciembre. Cerezas relucientes, pulposas y encendidas. La gran tentación para picotear a cualquier hora. En la Argentina las mejores son las del Valle de Uco y las de San Patricio del Chañar.

La altura en el Valle de Uco, y el desierto neuquino de San Patricio del Chañar, con su amplitud térmica y esa luminosidad que tan bien le hace a los vinos en cuanto a color y aromas, son sus lugares en el mundo.
En diciembre suelo recibir puntualmente desde la primer cosecha, hace poco años, las brillantes cerezas de San Patricio del Chañar, otra producción de la familia Viola propietaria de Bodega del Fin del Mundo. Alucinantes frutas para exportación, nada que ver con la oferta de esas cerezas chiquitas, caras, poco maduras que aparecen en las fruterías en este momento del año, el principio del verano austral. No hay otra, hay que conformarse con esas ya que tanto las del valle de Uco como las neuquinas son destinadas a exportación.
Un buen recuerdo de las cerezas mendocinas y sus circunstancias: cierta tarde, post asado con la familia Arizu, de Luigi Bosca, me instalé bajo la sombra de un cerezo rebosante de frutas, en el jardín e Chacras de Coria, y me regalé con estas maravillas, hasta saciarme. Junto con copa de Sauvignon Blanc, el primero que salió al mercado, orgullo de Alberto Arizu. Es un acuerdo que recomiendo fervientemente, cerezas de Mendoza con un Sauvignon Blanc de la cosecha del año. Tal para cual.
En toda Mendoza tanto el dulce de cerezas como el de guindas, son fórmulas caseras que elaboran con pasión las damas mendocinas. La combino con queso de oveja, postre que descubrí en Saint Juan de Luz, una versión vasco- francesa del postre vigilante argentino.
Jean Paul Bondoux y Bodegas Salentein realizan, siempre para esta época un menú a base de cerezas, desde el aperitivo hasta el postre. Merecen ese caro homenaje estas frutas del valle de Uco. Ya pasó, como siempre, fue un éxito.
Todos los cerezos de Europa y por consiguiente de América, tienen como origen Asia Menor y se empezaron a usar en la Edad Media, pero nuestro pariente del Neolítico las conocía muy bien: antes que existiera el vino, la fermentaban.. Otros escabios actuales con cereza: el famoso Kirsch de Alsacia, un aguardiente eco en el que tambien interviene el carozo.
En cuanto a los usos en pastelería y cocina son infinitos: el clafoutis es uno de los postres más conocidos: cerezas frescas descarozadas mezcladas con una masa de crêpes algo más espesa, horneado brevemente. En compota agridulce acompañan bien como guarnición las recetas con pato o faisán.
Es sana, sanísima, y funciona muy bien para dietas depurativas, una buena idea para las resacas post reveillon: consumir un kilo de cerezas diarios para eliminar toxinas La escuela de Salerno y sus médicos- poetas lo afirmaban: cereza, amable fruta…halagas el gusto, vuelves los humores puros, hace s que en el cuerpo corra sangre nueva. Sangre nueva, vitaminas, sales minerales y pocas calorías. Ideal para estos tiempos de narcisismos light.
Las que habría que erradicar del planeta son las cerezas confitadas, esas momias que decoran las torta en las panadería barriales pero aparecen tambien sobre lo canapé de los casamientos y hasta en la primera clase de los aviones. Plástico puro, si están teñidas de verde- lo he visto- peor.
Fruta festiva, por naturaleza, se impone servirlas, frescas y maduras, sobre hielo picado como fin de fiesta, buenísimas con una copa de champán Brut.

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