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Carne y vino, un solo corazón

Por Elisabeth Checa

Carne y vino, un solo corazón

Por supuesto hay acuerdos obvios, por su regionalidad son los mejores. En Argentina, Malbec con ojo de bife o bife de chorizo y en Uruguay Tannat con colita de cuadril.  
 

Estas son algunas de mis sugerencias 
Para tiempos cálidos, que piden a gritos ensaladas con un lomo mariposa vuelta y vuelta a la parrilla, lo mejor es un Malbec joven de cuerpo medio, aromas atractivos y sin madera. Refrescado, por supuesto.
En el caso de un tinto joven puede funcionar muy bien. Nada mejor que los humos del vino que se entreveran con los humos de las carnes y achuras asadas a las brasas.  
En cuanto a los tintos de cuerpo, con una larga crianza, merecen  una compañía carnal más sólida. Un ojo de bife, bien jugoso en el centro, un lomo entero grillado sobre hojas de laurel.  
Las reglas de los acuerdos entre platos y vinos son simple: ni el plato debe tapar las características del vino, ni el vino debe apabullar a un trémulo conejito o a una pechuga de pollo al limón hechos a las brasas.
En general los vinos opulentos, tiene más contenido tánico. Con este estilo ojo, pueden acontecer desastres si se añade un chimichurri picante a una porción de carne jugosa; el vino por su contenido alcohólico mezclado con el fuego de la salsa picante le hará arder el paladar. 
Para ciertas achuras, por ejemplo mollejas o morcilla, pueden funcionar algunos blancos, especialmente un fresco torrontés del año. Si se desea algo más complejo, un blend blanco que mezcla diferentes variedades.
 

No te pierdas Felicitas Parrillera y aprende a realizar los mejores platos al fuego.
 
 

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