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Abril en Portugal

Por Elisabeth Checa

Abril en Portugal

Cada viaje a Portugal es una fiesta para el alma y para los sentidos. Sólo hacen falta el sabor a bacalao y su aroma intenso para transportarme mágicamente a este país que adoro, donde hay tantas recetas de bacalao como días del año. Sobre todo en tiempos de Pascua, cuando el pescado reina en todos los platos.

Lisboa es como uno la imagina: emocionante y bastante melancólica, como sus habitantes. De un modo lejano, me recuerda a Montevideo. Pese, a los Armani y los Prada, la ciudad tiene algo de los años ‘30 o de los ‘40.

A continuación, una breve crónica con algunos consejos para el viajero que se decida por este destino poco convencional:

Al arribar es imperativo, por supuesto, tomar un café en A Brazileira, el preferido del gran poeta de los infinitos nombres, Fernando Pessoa. En la terrasse está su mesa preferida y una estatua en bronce del escritor. Una estatua triste. Todo el mundo puede sentarse a tomar un café con Pessoa y sus desasosiegos.
 
En una librería cercana, compré un libro de recetas del hombre de tantos nombres titulado “A Mesa com Fernando Pessoa”, dónde figuran sus platos favoritos: caldo verde -un plato sumamente sencillo, con papas y cove, esa especie de acelga que también usan los brasileros-, los buñuelos de bacalao -como todo portugués-, las habas guisadas con morcilla y el arroz con leche. Y también muchos tragos, especialmente oporto y vino de Colares. “Dadme vino porque la vida es nada”, escribió. Una buena excusa. No hay demasiadas referencias a vinos y regiones, ya que el poeta no era muy exigente con lo que bebía.

Asimismo, se impone buscar una guía de Lisboa de Fernando Pessoa, editada en inglés y portugués: Lo que el turista debe ver”. La guía es perfecta, con descripciones precisas y tentadoras. Aquí no aparecen sus angustias ni sus fantasmas. El libro está totalmente despojado de retórica, pero es un placer visitar la ciudad de la mano del poeta, si se cuenta con el tiempo y aunque la haya escrito en 1925 -se la descubrió hace sólo 10 años entre sus obras inéditas-.

Una mañana en Lisboa, después de comprar un CD de fados -no cantados, solamente con guitarras, una música magnífica para recordar Lisboa con copa de oporto en mano-, partimos a Alfama, el barrio antiguo de calles estrechísimas, con sus escaleras, rincones, agujeros, terracitas y ropa colgando. Allí le preguntamos a un peatón triste y encorbatado, con cara de vecino del barrio, cuál era el mejor lugar para almorzar. Nos señaló una puertita…

Efectivamente, comimos muy, muy bien. Probamos las autenticidades, sabrosas sencilleces cotidianas. Seguramente en cualquiera de los pequeños locales de Alfama la propuesta sería similar: sardinas asadas frescas del día, buñuelos de bacalao, bacalao a la Gomes de Sá -un clásico y otra preparación de bacalao, con huevos revueltos y aceitunas negras, algo parecido a un revuelto de gramajo-, con un fabuloso vinho verde, fresco pero con bastante cuerpo.
 
El lugar comandado por la señora Piedade Ferreira, gerente y cocinera, queda en Beco Espirito Santo 9-11. Nada turístico y nada caro: 15 euros per cápita. Nos enteramos después que había sido uno de los lugares visitados por Pessoa y también por Tabucchi...
 

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